5/7/08

Locuras geniales


¿Es la locura el tributo de los genios? Admirados pintores, escritores y científicos han sufrido problemas psiquiátricos. ¿Talento y trastorno mental van de la mano?

"Querido: Estoy segura de que me vuelvo loca de nuevo. Creo que no puedo pasar por otra de esas espantosas temporadas". Así se despedía de su marido Virginia Wolf (1882-1941), antes de suicidarse. Era feminista y lesbiana. Encadenó depresiones, ansiedad y casas de reposo. Dicen que sufría trastorno bipolar y creó sus mejores obras durante sus crisis nerviosas.

«El trastorno bipolar es la enfermedad mental más relacionada con el genio artístico -explica José J. Uriarte, especialista en Psiquiatría-. Alterna fases depresivas graves -desesperanza, angustia, tristeza vital- con otras maníacas -euforia, excitación, desinhibición e hiperactividad-. Los pacientes pasan de uno a otro extremo; y también pueden pasar años asintomáticos y ser tan normales, anormales o anodinos como cualquiera de nosotros. Si una persona con talento lo sufre, su creatividad podría verse empujada en la fase maníaca como por un turbo. Pero la desorganización de pensamiento y conducta de la fase depresiva es incompatible con una creación coherente, advierte.

A Vincen Van Gogh le llamaban el loco del pelo rojo. Amenazó a Paul Gauguin con una navaja; luego se cortó la oreja y se la envió envuelta en papel. Se quemó la mano tras un revés sentimental. Quiso ingerir sus pinturas. Se pegó un tiro. Para Pablo Malo, psiquiatra de un centro mental de bomberos, su diagnóstico es discutible. «Existen datos para pensar que sufría epilepsia, incluso, saturnismo: una intoxicación crónica por el plomo de las pinturas. También le adjudican trastorno bipolar, y atribuyen su estilo pictórico a un glaucoma del ojo».


La excepción y la regla

Al matemático John Nash le diagnosticaron esquizofrenia a los 29 años y obtuvo el Nobel de Economía a los 66. Siendo un veinteañero ofreció soluciones matemáticas a los problemas de los juegos conocidas como el equilibrio, el regateo y el programa de Nash. Trabajó para la RAND Corporation, organismo norteamericano de investigación y defensa estratégica, durante la guerra fría. Lo despidieron al ser detenido por escándalo público en unos lavabos. Centró sus delirios en rocambolescas conspiraciones, criptocomunistas, mensajes cifrados y organismos secretos. Ingresó en varios psiquiátricos, estabilizó su salud, dejó la investigación y se dedicó a la docencia.

«El caso de John Nash es una excepción. Fue un genio a pesar de la esquizofrenia, no por ella, asegura Juan Medrano, psiquiatra. Es una enfermedad crónica; no se cura, pero se puede mitigar. El paciente muestra delirios -ideas falsas acerca de los sucesos de su entorno- y alucinaciones que interfieren en su percepción de la realidad y condicionan su conducta. La mayor parte de esquizofrénicos que producen arte o ciencia lo hacen antes de eclosionar la enfermedad. La esquizofrenia no favorece la creatividad. Supone un importante obstáculo».


Dosis de inspiración

Pública y notoria fue la afición por la bebida de Ernest Hemingway. Ganó el Pulitzer con El viejo y el mar y obtuvo el Nobel de Literatura en 1954. Bebía dos litros de ron en una tarde; luego tomaba vitamina B para compensar. «Si no puedo existir a mi manera, la existencia es imposible», le dijo a Mary Welsh, su cuarta y última esposa. Se pegó un tiro en la cabeza mientras ella dormía.

Tennessee Williams se suicidó con somníferos. El alcohol, las drogas y los ataques de pánico marcaron su vida. Creó personajes atormentados y ambientes opresivos, y aireó su homosexualidad en "Memorias". No superó la depresión que le acarreó la muerte de su amante. Murió a los 71 años en una habitación de hotel, le encontraron con la tapa de un bote de pastillas en la boca. Sin embargo, algunos creen que fue asesinado. Por su parte, la policía considera que su muerte parece deberse a drogas; muchos medicamentos se encontraron en la habitación, y la falta de una respuesta adecuada que hubiera eliminado la tapa de la botella de su garganta se atribuye a la influencia del alcohol y las drogas.

El consumo de drogas puede favorecer la creatividad y los movimientos artisticos, como ocurre con la psicodelia y el LSD. Aunque, en muchos casos, también está directamente relacionado con transtornos psiquiátricos. Es un camino que muchos creadores recorren «literalmente hasta el final».

A Philip K. Dick se le achaca escribir sus novelas con ayuda de alucinógenos. Obras como "Minority Report", llevada al cine por Steven Spielberg. "¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?", convertida en Blade Runner por Ridley Scott; y "Ubik", lo consagraron en la ciencia ficción, que terminó confundiendo con la realidad. Veía mundos paralelos, robots, alienígenas, espías y holocaustos. Era paranoico, adicto a los fármacos, hipocondríaco y agorafóbico. Tuvo cinco esposas. En "Una mirada a la oscuridad" reflejó su relación con la droga: «Parte de esta escena fue divertida e increíble, y otras partes fueron espantosas».

Más casos como Toulouse-Lautrec, Byron, Allan Poe, Mozart, y una interminable lista. Al mismo tiempo, todo este arte conforma la mejor terapia, tanto para el espectador como para sus creadores, cuando nos asomamos a la calle y sentimos que el aire está viciado de una locura cotidiana y sin sentido que muchas veces nos rebasa.

3 comentarios:

malatesta dijo...

Interesante recopilación. Quizás la enfermedad ofrece una nueva visión de la realidad, que es lo que a veces hace único al artista.
Yo prefiero estar sano ;)
Saludos.

Alfonso dijo...

Si apartas de ti los convencionalismos sociales te resulta más fácil ser creativo y original. Hace poco leía un libro sobre pintura y psiquiatría y me llamó la atención el hecho de que muchos de los pacientes esquizofrénicos pintaban en una línea parecida a la de Chagall, sería interesante profundizar en ello. Muy bonito blog :)

Übermensch dijo...

En 1962, Michel Foucault finalizaba su libro "Historia de la locura en la época clásica" con estas palabras: "La locura donde se abisma la obra es el espacio de nuestro trabajo, es el camino infinito para llegar al término, es nuestra vocación conjunta de apóstol y de exégeta. Es por eso por lo que importa poco saber cuándo se ha insinuado en el orgullo de Nietzsche, en la humildad de Van Gogh, la voz primaria de la locura. No hay locura sino en el último instante de la obra, pues ésta la rechaza indefinidamente a sus confines; allí donde hay obra, no hay locura; y sin embargo, la locura es contemporánea de la obra, puesto que inaugura el tiempo de su verdad. El instante en el cual conjuntamente nacen y se realizan la obra y la locura es el principio del tiempo en que el mundo se halla designado por esta obra, y responsable de lo que está enfrente de ella.
Astuto y nuevo triunfo de la locura: el mundo, que creía medirla y justificarla por la psicología, debe justificarse ante ella, puesto que en sus esfuerzos y en sus debates, él se mide en la medida de obras como la de Nietzsche, de Van Gogh, de Artaud. Y nada en él, sobre todo aquello que puede conocer de la locura, le da la seguridad de que esas obras de locura lo justifican."